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Si haces artes marciales o buscas el camino a la iluminacion o no, comparto con todos unas cuantas fábulas muy interesantes, para pensar, reflexionar y hacer volar nuestra imaginación un poco.
Cada fábula cuenta con una historia atrapante que al final nos deja un mensaje o una enseñanza, que las disfruten.

 

LAS GRANDES PIEDRAS

Cierto día, un maestro estaba dando una conferencia a un grupo de discípulos. Para dejar en claro un punto utilizó un ejemplo que jamás olvidarán.
Parado frente a su auditorio dijo: Quisiera hacerles un pequeño examen ...
De debajo de la mesa sacó un jarro de vidrio, de boca ancha y lo puso sobre la mesa frente a él. Luego sacó una docena de rocas del tamaño de un puño y empezó a colocarlas una por una en el jarro.
Cuando el jarro estaba lleno hasta el tope y no podía colocar más piedras preguntó al auditorio: ¿Está lleno el jarro? Todos dijeron: ¡Si!
Entonces dijo: ¿Están seguros, y sacó de debajo de la mesa un balde con piedras pequeñas. Echó un poco de las piedras en el jarro y lo movió haciendo que las piedras pequeñas se acomoden en el espacio vacío entre las grandes. Cuando hubo hecho esto preguntó una vez más: ¿Está lleno este jarro?, Esta vez el auditorio ya suponía lo que vendría y uno de los asistentes dijo en voz alta: ¡Probablemente no!.
Muy bien contestó el maestro. Sacó de debajo de la mesa un balde lleno de arena y empezó a echarlo en el jarro. La arena se acomodó en el espacio entre las piedras grandes y las pequeñas. Una vez más preguntó al grupo: ¿Está lleno este jarro? Esta vez respondieron: ¡No!.
Una vez más el maestro dijo: ¡Muy bien!, luego sacó de debajo de la mesa una jarra llena de agua y echó agua al jarro hasta que estuvo lleno hasta el borde mismo. Cuando terminó, miró al auditorio y preguntó: ¿Cuál creen que es la enseñanza de esta demostración?.
Uno de los discípulos levantó la mano y dijo: La enseñanza es que no importa que tan llena de actividades este tu vida, si de verdad lo intentas, siempre podrás incluir más cosas.

jarron con piedras
¡No!, replicó el maestro, esa no es la enseñanza. La verdad que esta demostración nos enseña es: "Si no pones las piedras grandes primero, no podrás ponerlas en ningún otro momento".
¿Cuáles son las piedras grandes en tu vida?, ¿Un proyecto que tú deseas hacer funcionar?, ¿Tiempo con tu familia?, ¿Tu fe, tu educación o tus finanzas?, ¿Alguna causa que desees apoyar?, ¿Enseñar lo que sabes a otros?.
Recuerda poner estas piedras grandes primero o no encontrarás un lugar para ellas.
Así que hoy en la noche o mañana al despertar, cuando te acuerdes de esta pequeña anécdota, pregúntate a ti mismo: ¿Cuáles son las piedras grandes en mi? y luego coloca esas piedras en el jarro.

EL CIELO Y EL INFIERNO

Un samurai fue a ver al Maestro Zen, Hakuin, y le preguntó:
¿Existe el cielo?¿Existe el infierno?¿Dónde están? ¿Por dónde puedo entrar?
Era un guerrero. Los guerreros sólo conocen dos cosas: La vida y la muerte. Él no había venido a aprender ninguna doctrina; sólo quería saber donde estaban las puertas, para poder evitar el infierno y entrar en el cielo.
Hakuin le respondió de una manera que sólo un guerrero podía entender: ¿Quién eres?, preguntó.
Soy un Samurai, le respondió el guerrero.
Hakuin se rió y contestó ¿Un Samurai, tú?. Pareces un mendigo.
El orgullo del Samurai se sintió herido y la ira nublo su mente, olvidó para que había venido, desenvaino su espada con intención de matar a Hakuin cuando éste añadió:
He aquí que se abren las puertas del infierno. Esta espada, esta ira, este ego, te abren las puertas.
Inmediatamente el Samurai entendió. Puso de nuevo la espada en su cinto y se inclino haciendo una reverencia ante el maestro Hakuin diciendo: Y he aquí que se abren las puertas del cielo.

cielo e infierno
La mente es el cielo, la mente es el infierno y tiene la capacidad de convertirse en cualquiera de ellos. Pero la gente sigue pensando que existen en alguna parte, fuera de ellos mismos.
El cielo y el infierno no están al final de la vida, están aquí y ahora. A cada momento las puertas se abren... en un segundo se puede ir del cielo al infierno, del infierno al cielo.
Si buscas en tu interior, hallarás que todos tus pensamientos te están creando a ti y a tu vida. Crean tu infierno, crean tu cielo. Crean tu desgracia y tu alegría, lo negativo y lo positivo que hay en ti.

APRENDERAS

Después de algún tiempo Aprenderás la diferencia entre dar la mano y socorrer a un alma, y Aprenderás que amar no significa apoyarse, y que compañía no siempre significa seguridad.
Comenzarás a aprender que los besos no son contratos, ni regalos ni promesas.
Comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto y Aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para tus proyectos y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.
Después de un tiempo Aprenderás que el sol quema si te expones demasiado. Aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas.
Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma. Descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tu también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de tu vida.
Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias, y que no importa que es lo que tienes, sino a quien tienes en la vida, y que los buenos amigos son la familia que nos permiten elegir.
Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que lo amigos cambian. Te darás cuenta de que puedes pasar buenos momentos con tu mejor amigo haciendo cualquier cosa o simplemente nada, solo por el placer de disfrutar su compañía.
Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan y por eso siempre debemos decir a esa persona que la amamos, porque nunca estaremos seguros de cuando será la ultima vez que la veamos.
Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tiene influencia sobre nosotros, pero que nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos. Comenzaras a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvo cuado queramos imitarlos para mejorar. Descubrirás que lleva mucho tiempo llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto.
Aprenderás que no importa donde llegaste sino a donde te diriges y si no lo sabes cualquier lugar sirve.
Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlan y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuan delicada y frágil sea una situación: Siempre existen dos lados.
Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario enfrentando las consecuencias.
Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica.
Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que ayuden a levantarte.
Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido de la experiencia, que con los años vividos.
Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti de lo que supones.
Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes y seria una tragedia si lo creyese porque le estarás quitando la esperanza.
Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho a ser cruel.
Descubrirás que solo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero no saben como demostrarlo.
No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.
Aprenderás que con la misma severidad con que juzgas, también serás juzgado y en algunos momentos condenado.
Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles.
Aprenderás que el tiempo no es algo que puedes volver hacia atrás, por lo tanto debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que alguien te traiga flores. Entonces y solo entonces sabrás realmente lo que eres capaz de soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho más lejos de lo que pensabas cuando creías que no se podía más.
Es que realmente la vida vale cuando tienes el valor de enfrentarla.

LAS COSAS NO SIEMPRE SON LO QUE PARECEN

Dos monjes viajeros se pararon para pasar la noche en el hogar de una familia muy adinerada. La familia era ruda y no quiso permitirle a los monjes que se quedaran en la habitación de huéspedes de la mansión. En vez de ser así, a los monjes le dieron un espacio pequeño en el frío sótano de la casa. A medida que ellos preparaban sus camas en el duro suelo, el monje más viejo vio un hueco en la pared y lo reparó. Cuando el monje más joven preguntó ¿por qué?, el monje más viejo le respondió;
Las Cosas no siempre son lo que parecen.
La siguiente noche, el par de monjes fueron a descansar en la casa de un señor y una señora, muy pobres, pero el señor y su esposa eran muy hospitalarios. Después de compartir la poca comida que la familia pobre tenía, la pareja le permitió a los monjes que durmieran en su cama donde ellos podrían tener una buena noche de descanso. Cuando amaneció, al siguiente día, los monjes encontraron bañados en lágrimas al Señor y a su Esposa. La única vaca que tenían, cuya leche había sido su única entrada de dinero, yacía muerta en el campo. El monje más joven estaba furioso y preguntó al más viejo, ¿cómo pudiste permitir que esto hubiera pasado? El primer hombre lo tenía todo, sin embargo tú lo ayudaste; el monje más joven le acusaba. La segunda familia tenía muy poco, pero estaba dispuesta a compartirlo todo, y tú permitiste que la vaca muriera.
Las Cosas no siempre son lo que parecen.
Le replicó el monje más viejo. Cuando estábamos en aquel sótano de la inmensa mansión, yo noté que había oro almacenado en aquel hueco de la pared. Debido a que el propietario estaba tan obsesionado con avaricia y no dispuesto a compartir su buena fortuna, yo sellé el hueco, de manera tal que nunca lo encontraría. Luego, anoche mientras dormíamos en la cama de la familia pobre, la muerte vino en busca de la esposa del agricultor. Y yo le di a la vaca en su lugar.
Las Cosas no siempre son lo que parecen.

LAS TRES REJAS

Un joven discípulo de un sabio filósofo, llega a casa de éste y le dice:
Escucha maestro, un amigo suyo estuvo hablando de ti con malevolencia....
¡Espera! - lo interrumpe el filósofo - ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
¿Las tres rejas?
Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
No. Lo oí comentar en el pueblo.
Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
No, en realidad no. Al contrario....
¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
A decir verdad, no.
Entonces -dijo el sabio sonriendo- si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

EL NAUFRAGO

El único sobreviviente de un naufragio llego a la playa de una diminuta y deshabitada isla. Pidió fervientemente a Dios ser rescatado, y cada día escudriñaba el horizonte buscando ayuda, pero no parecía llegar.
Cansado, finalmente optó por construirse una cabaña de madera para protegerse de los elementos y almacenar sus pocas pertenencias.
Entonces un día, después de buscar alimento por la isla, regresó a su casa para encontrar su cabaña envuelta en llamas, con el humo ascendiendo hasta el cielo. Lo peor había ocurrido, lo había perdido todo. Quedó anonadado de tristeza y rabia. Dios, ¿cómo pudiste hacerme esto?, se lamentó. Sin embargo, al día siguiente fue despertado por el sonido de un barco que se acercaba a la isla. habían venido a rescatarlo. ¿Cómo supieron que estaba aquí?; preguntó el naufrago a sus salvadores.
Vimos su señal de humo, contestaron ellos.
Es fácil descorazonarse cuando las cosas van mal, pero no debemos desanimarnos aún en medio del dolor y el sufrimiento.
Recuerda la próxima vez que tu cabaña se vuelva humo, que puede ser la señal de que la ayuda viene en camino.

LA LAGUNA CONGELADA

Había dos niños que patinaban sobre una laguna congelada.
Era una tarde nublada y fría, pero los niños jugaban sin preocupación.
Cuando de pronto, el hielo se revienta y uno de los niños cayo al agua.
El otro niño viendo que su amiguito se ahogaba debajo del hielo, tomo una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logro quebrarlo y así salvar a su amigo.
Cuando llegaron a ayudarlo y vieron lo que había sucedido, se preguntaron:
Como lo hizo? El hielo esta muy grueso, es imposible que lo haya podido quebrar, con esa piedra y sus manos tan pequeñas!
En ese instante apareció un anciano y dijo:
"Yo se como lo hizo "
Como ? Le preguntaron al anciano y el contesto:
"No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo"
Si lo puedes imaginar, lo puedes lograr.

QUIEN HACE EL RUIDO

Era un Maestro Chan, que apenas era visitado por aspirante espiritual alguno, pues se había ganado la fama de ser severo debido a sus métodos de enseñanza. Pero un día llego a la ciudad un buscador de otro lugar muy distante del país y quiso probar si se trataba realmente del Maestro que decían.
-No soy fácilmente impresionable- dijo con cierta presunción a quienes le advirtieron.
Se presento ante el Maestro. Cuando el Maestro lo vio, antes de intercambiar palabra alguna, estallo en una carcajada. El aspirante se sirvió de su autocontrol para no demostrar incertidumbre. El Maestro estaba tomando un té aromático.
-Siéntate- le ordeno al recién llegado
-Siéntate bien, erguido y no como una gallina clueca y estúpida.
Hubo una pausa. El té estaba humeando y esparciendo su exquisito aroma.
-¿Deseas algo?
El visitante dudo. Empezaba a sentirse incomodo.
-¿Puedo tomar un poco de té?- Pidió
De repente. El Maestro arrojo un chorro de té hirviendo sobre el visitante. El liquido le quemaba como acero candente donde caía en su cuerpo.
-¿Es esta la forma de tratar a un visitante?
-Te he dado lo que me has pedido, contesto el maestro, después de esto cerro los ojos y se sumergió en una meditación.
El aspirante hizo lo mismo y entro en meditación.
-¡Cuanta paz y tranquilidad!, se decía mentalmente, sintiendo una atmósfera de quietud en el recinto.
De repente, un violento bofetón le hizo emerger de aquel éxtasis. Se aferró de su autocontrol para no devolverle el golpe. Cuando fue a protestar, el Maestro le pregunto:
-¿De donde ha surgido el ruido? ¿De la mano o de tu mejilla?-
El aspirante dudo durante una fracción de segundo, cuando otra bofetada no menos fuerte golpeo su rostro de nuevo.
-¡Contesta!, grito el Maestro.
-¿De donde sale el ruido?¿Quién lo produce? ¿La mano o la mejilla?
Se trataba de un genuino buscador, y respondió así:
-¡De la mente!
Por supuesto; se refería al ruido de la rabia, humillación y orgullo herido que habían brotado de su interior al sentir las burlas y los golpes del Maestro.
-Haz avanzado, dijo ahora cariñosamente el Maestro, captando el contenido real de la respuesta.
-Quédate y transita tomado de mi mano hasta cuando lo desees, el camino de la búsqueda sincera hacia la auto superación.
...Y así sucedió, aquel aspirante eventualmente alcanzo un elevado nivel de conciencia y se convirtió en un gran Maestro.

PUEDE SER

Un granjero vivía en una pequeña y pobre aldea. Sus paisanos le consideraban afortunado porque tenia un caballo que utilizaba para labrar y transportar la cosecha. Pero un día el caballo se escapó. La noticia corrió pronto por el pueblo, de manera que al llegar la noche, los vecinos fueron a consolarlo por aquella grave pérdida:
¡Qué mala suerte has tenido!. La respuesta del granjero fue un sencillo: Puede ser.
Pocos días después el caballo regresó trayendo consigo dos yeguas salvajes que había encontrado en las montañas. Enterados los aldeanos acudieron de nuevo, esta vez a darle la enhorabuena y comentarle su buena suerte, a lo que él volvió a contestar: Puede ser.
Al día siguiente, el hijo del granjero trató de domar a una de las yeguas, pero está lo arrojó al suelo y el joven se rompió una pierna. Los vecinos visitaron al herido y lamentaron su mala suerte; pero el padre respondió otra vez: Puede ser.
Una semana más tarde aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejercito. El hijo del granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Al atardecer, los aldeanos que habían despedido a sus hijos se reunieron en la taberna y comentaron la buena estrella del granjero, más este, contesto nuevamente: Puede ser.

TIEMPO DE MORIR

Hakuin, el maestro del Zen, desde pequeño fue avisado de que su maestro poseía una preciosa taza de té, de rara antigüedad. A Hakuin se le rompió accidentalmente esta taza, y se quedo muy perplejo. Oyendo los pasos del maestro que se acercaba, ocultó tras de sí los pedazos de la vasija. Cuando apareció el maestro, Hakuin le preguntó: -¿Por qué hay que morir? Es lo natural, respondió su Maestro. Todo debe morir y tiene un determinado tiempo de vida. Hakuin, mostrando la vasija despedazada, explicó: A tu taza le había llegado el tiempo de morir.

HISTORIA DE SAMURAI

Un Samurai se presenta a su superior y le dice:
"Mi amigo no ha regresado del campo de batalla. Solicito autorización para ir a buscarlo ..."
"Denegada ...", replicó el superior. "No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ya esté muerto".
Haciendo caso omiso de la prohibición, el Samurai salió del campo de batalla y regresó una hora más tarde mortalmente herido, transportando el cadáver de su amigo.
Su superior estaba furioso. "ya le dije que había muerto !!!. Dígame .... ¿valió la pena ir hasta allá para traer un cadáver?
"Claro que sí", respondió el Samurai.
"Cuando lo encontré todavía estaba vivo, y cuando me vió pudo decirme: ¡ Estaba seguro que vendrías !!!"
AMIGO: Es aquel que llega cuando todos se han ido".

LA VASIJA

Un médico conocido era aficionado a la alfarería y a menudo reunía a sus pacientes para hacerles admirar sus obras. Un día invitó a un maestro zen que conocía y mientras los asistentes admiraban una pequeña vasija, todos se dieron vuelta hacia él para escuchar su opinión. El maestro zen miró gravemente en torno suyo y dijo: “Si alguno de ustedes cae enfermo, les aconsejo que nunca llamen a este hombre. Debe ser un médico abominable”. En un silencio mortal, un viejecito preguntó: “Pero, ¿por qué?”
Porque su corazón no está en la medicina. Este doctor sólo colecciona pacientes para mostrarles sus alfarerías, que además apenas si son aceptables.
El golpe fue tan duro para el médico que en el acto perdió la vanidad artística que alteraba sus cualidades médicas.

LOTO EN EL FANGO

En épocas de mucha hambre, las hijas de los granjeros vendían sus cuerpos para subvenir a las necesidades de sus familias. Estas prostitutas eran conocidas con el nombre de “loto en el fango”. En un dibujo que representaba a varias de ellas, Takuan escribió el poema siguiente:

“El Buda vende la doctrina, los patriarcas venden el Buda,
los maestros venden los patriarcas, ella vende su cuerpo,
para que se aplaquen las pasiones de todos los seres.
La forma no es diferente del vacío ni las pasiones de la sabiduría”.

EL GENERAL

Durante una guerra civil en el Japón, la armada rebelde invadió una ciudad legitimista. Todos los habitantes habían huido, como así también todos los monjes del templo zen de esta ciudad. Todos salvo el Maestro.
El general fue al templo y no le gustó nada el frío recibimiento del maestro ni tampoco la poca consideración que le manifestó.
“,Sabe usted que tiene delante suyo a un hombre capaz de partirlo por la mitad sin ni siquiera pestañear?”
- Y usted, contestó el maestro, ¿sabe que tiene delante suyo a un hombre listo a dejarse partir por la mitad sin ni siquiera pestañear?
El general se quedó un momento en silencio, se inclinó, y emprendió la retirada.

LA HIJA DEL MERCADER

La hija de un rico mercader, gravemente enferma, le pidió a su padre que hiciera venir a un maestro zen para celebrar un rito. Este último pidió cincuenta piezas de oro para hacerlo; el padre furioso, tuvo que aceptar. Ante la enferma, el monje no hizo ninguna ceremonia sino que declaró:
“Con las cincuenta piezas de oro podré construir un nuevo Dojo. En este nuevo Dojo mis discípulos podrán practicar y llegar a la madurez. Ahora, si lo desea, puede usted morir. Su vida, al menos, habrá tenido un sentido”.
A partir de ese día, dicen, la hija del mercader empezó a recuperar la salud.

VENCER SIN VENCER

Cuenta la leyenda que el maestro japonés Choyin Tanaka, gran experto en el manejo de la katana, pasó largas temporadas en China, donde entró en contacto con monjes budistas que le enseñaron artes marciales y filosofía.
Antes de viajar a China, Tanaka se había labrado fama de rudo guerrero. Hijo de Samurai, curtido en mil guerras. era el tipo de persona que lleva el fuego en la mirada. Robusto pero veloz, gran técnico y dotado de una potentísima estocada, Tanaka brillaba en el campo de batalla con un mortífero destello. Había cultivado su cuerpo: nervios, músculos y huesos, con la precisión de un matemático; y el resultado de su ecuación era siempre el mismo, vencer. Y así, en toda batalla o duelo en el que participara, y se cuenta que fueron cientos, siempre salía victorioso.
Aprovechando una misión diplomática en China, fue a visitar un monasterio budista que tenía una gran fama por la pericia marcial de sus monjes. Allí conoció al gran maestro Li. un monje bajito y menudo que resultaba sin embargo invencible. En principio, el objetivo de Tanaka era aprender nuevas técnicas guerreras, pero Li le abrió el verdadero mundo de las artes marciales: el pensamiento, el espíritu y la filosofía. Y entonces el aguerrido Samurai comenzó a explorar nuevos senderos, y a estudiar la naturaleza y la mente humana. Se dio cuenta de que el músculo sin cerebro era vano, y de que la espada sin ética era cruel. Y así, con el paso de los años, el rudo guerrero se convirtió en un pacífico filósofo, y como tal regresó a Japón.
Sus familiares y amigos no podían reconocerlo, aquel que antes perseguía el fuego de la batalla, ahora predicaba la paz y la tolerancia. Siguió dando clases en su Dojo, pero ahora con un profundo enfoque filosófico; seguía siendo invencible, pero ahora vencía sin hacer daño. Sus alumnos lo adoraban, pues era un auténtico pozo de sabiduría y de tranquilidad.
Pero su reputación lo perseguía, y Tanaka siguió recibiendo durante años desafíos para batirse en duelo por parte de belicosos jóvenes. Y lo más sorprendente es que, como cuando era joven. siempre vencía; pero ahora neutralizando los ataques del rival sin hacerle daño. Muchos fueron los duelos que de esta extraña manera resolvió Tanaka, pero entre todos sin duda destaca el que lo enfrentó al temible Samurai Itsinoé.
Itsinoé acababa de llegar a la ciudad de Osaka, donde vivía Tanaka, y pretendía labrarse fama para abrir su Dojo. El Samurai era un auténtico guerrero, lo más parecido a Tanaka cuando tenía su edad: fuerte, certero y extremadamente agresivo. Así que lo primero que hizo, al poco de estar en Osaka ,fue enviar un desafío a Tanaka, para forjarse un nombre y un prestigio en la ciudad.
Cuando lo supieron, los estudiantes del viejo maestro se inquietaron, pues Itsinoé tenía fama de implacable y cruel. “Maestro” -le dijo un estudiante-, “Itsinoé no es un enemigo cualquiera, es un demonio. La única forma de enfrentarlo es, por una vez, volver a sus técnicas más contundentes y dañinas.”
Pero Tanaka bajó su cabeza y respondió con una leve sonrisa: “No, esa etapa de mi vida ya pasó. ltsinoé no es un demonio, sino un ser humano, con sus fuerzas y debilidades. No emplearé el arte para hacer daño, sino para neutralizar el conflicto. Venceré sin vencer.” Y dicho esto, se retiró para preparar el té.
Por fin llegó el día del enfrentamiento. Los alumnos del maestro se removían nerviosos y expectantes, mientras éste esperaba sentado y meditando la llegada del temible Itsinoé. Cuando éste apareció. Tanaka ni siquiera le dedicó una mirada; siguió sentado de rodillas mientras el Samurai calentaba miembros y músculos ruidosamente, su aspecto era feroz. Al cabo de unos minutos, Tanaka se levantó tranquilamente, asió su bokken, y se dirigió al centro del tatami. Itsinoé se puso en guardia, pero tras unos segundos de observación mutua Tanaka bajó el arma, se dio media vuelta y ofreció la espalda a su rival.
Tanto el fiero Samurai como los alumnos del maestro no podían creer lo que estaba ocurriendo. Acababa de dar la espalda a uno de los guerreros más temidos del Japón. Tras unos instantes de desconcierto, Itsinoé, encolerizado, alzó su bokken dispuesto a asestar un terrible golpe en el cráneo del maestro. Pero una mezcla de profundo miedo y de gran vergüenza detuvo su brazo, el samurai bajó el arma y abandonó el Dojo entre exclamaciones y murmullos de los alumnos.
Tanaka había logrado su propósito, ganar el duelo sin que mediara ni un sólo golpe: vencer sin vencer. Tan sólo un Maestro era capaz de dar tranquilamente la espalda a un peligroso enemigo, tal era su confianza y su sutileza psicológica.
Lo que detuvo el golpe de ltsinoé fue el espanto de lo insólito, de lo incomprensible, que se convirtió en un creciente temor ante una despreocupación y confianza que nunca había conocido antes en ningún otro rival. Sintió durante un instante su inferioridad psicológica. y se rindió.

EL PODER DE LA PALABRA

Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un pozo profundo. Las ranas se reunieron alrededor del pozo.
Cuando vieron cuan hondo era el pozo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas.
Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del pozo con todas sus fuerzas.
Las otras ranas seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles.
Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió; Ella se desplomó y murió.
La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible.
Una vez más, la multitud de ranas le grito que dejara de sufrir y simplemente se dispusiera a morir.
Pero la rana saltó cada vez con mas fuerza hasta que finalmente salió del pozo.
Cuando salió, las otras ranas le preguntaron: "¿No escuchaste lo que te decíamos?"
La rana les explicó que era sorda. Ella pensó que las demás la estaban animando a esforzarse mas para salir del pozo.

Esta historia contiene dos lecciones:
La lengua tiene poder de vida y muerte.
Una palabra puede ayudar a levantarte o destruirte. Tengamos cuidado con lo que decimos. Pero sobretodo con lo que escuchamos.

EL DISCIPULO DE MUSASHI

Les contaré la historia del Samurai quien fue a ver al legendario Maestro Miyamoto Musashi y le pidió que le enseñara la verdadera vía de la espada. El Maestro aceptó.
Una vez su discípulo, el Samurai utilizaba todo su tiempo, como le había ordenado su Maestro, cargando y cortando leña y yendo a buscar agua desde un distante manantial. Hizo esto todos los días por un mes, dos meses, un año, tres años.
En la actualidad cualquier discípulo habría abandonado a la semana o a las pocas horas, pero el Samurai continuó, y en el proceso formó su cuerpo. Al final de tres años, a pesar de todo, se hartó y le inquirió a su Maestro, "Qué tipo de entrenamiento me está dando? No he tocado una espada desde que llegué. Ocupo todo mi tiempo cortando leña y cargando agua. Cuando me va a iniciar?"
"Está bien, está bien", respondió el Maestro. "Ya que lo deseas, ahora te enseñaré la verdadera técnica".
Le ordenó que fuera al Dojo y ahí, día tras día, desde la mañana hasta la noche, el discípulo tuvo que caminar alrededor de la orilla externa del tatami, paso a paso alrededor del salón sin nunca perder el paso.
Así pues el discípulo caminó alrededor de la orilla del tatami por un año. Al final de ese tiempo le dijo a su Maestro, "Soy un Samurai, tengo una larga experiencia con la espada y he conocido a otros maestros de ken jitsu. Ninguno me ha enseñado de la manera que usted lo hace. Ahora, por favor, enséñeme la verdadera vía de la espada".
"Muy bien," dijo el Maestro. "Sígueme."
Lo guió lejos en las montañas a un lugar donde un tronco de árbol hacía de puente por encima de una quebrada profunda, escabrosa, de profundidad aterradora.
"Muy bien," dijo el Maestro, "crúzalo."
El Samurai no entendía lo que su Maestro quería decir; cuando miró hacia abajo, titubeó, retrocedió y no pudo animarse a cruzar.
Repentinamente se escuchó un sonido de golpeteos detrás de ellos, el sonido del bastón de un hombre ciego.
El ciego, sin prestarles atención, los pasó y golpeteando se guió firmemente por encima del abismo, su bastón por delante.
"Ah," pensó el Samurai, "Estoy comenzando a entender. Si el ciego puede cruzar así, yo también debería poder lograrlo."
Y luego su Maestro dijo, "Por un año completo has caminado vuelta tras vuelta alrededor de la orilla del tatami, que es mucho más angosto que ese tronco; deberías poder cruzar."
Entendió, y rápidamente cruzó al otro lado.
Su entrenamiento estaba terminado: tres años desarrolló la fuerza corporal; un año completo desarrolló su poder de concentración sobre una sola acción, caminar; y finalmente, encarando la muerte a la orilla del abismo, recibió su entrenamiento final de espíritu y mente.

EL SAMURAI Y EL PESCADOR

Durante la ocupación Satsuma de Okinawa, un Samurai que le había prestado dinero a un pescador, hizo un viaje para cobrarlo a la provincia Itoman, donde vivía el pescador. No siéndole posible pagar, el pobre pescador huyó y trató de esconderse del Samurai, que era famoso por su mal genio. El Samurai fue a su hogar y al no encontrarlo ahí, lo buscó por todo el pueblo. A medida que se daba cuenta de que se estaba escondiendo se iba enfureciendo. Finalmente, al atardecer, lo encontró bajo un barranco que lo protegía de la vista. En su enojo, desenvainó su espada y le gritó: ¿"Qué tienes para decirme"?.
El pescador replicó, "Antes de que me mate, me gustaría decir algo. Humildemente le pido esa posibilidad." El Samurai dijo, "Ingrato! Te presto dinero cuando lo necesitas y te doy un año para pagarme y me retribuyes de esta manera. Habla antes de que cambie de parecer."
"Lo siento", dijo el pescador. "Lo que quería decir era esto: Acabo de comenzar el aprendizaje del arte de la mano vacía y la primera cosa que he aprendido es el precepto: “Si alzas tu mano, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza, restringe tu mano."
El Samurai quedó anonadado al escuchar esto de los labios de un simple pescador. Envainó su espada y dijo: "Bueno, tienes razón. Pero acuérdate de esto, volveré en un año a partir de hoy, y será mejor que tengas el dinero." Y se fue.
Había anochecido cuando el Samurai llegó a su casa y, como era costumbre, estaba a punto de anunciar su regreso, cuando se vio sorprendido por un haz de luz que provenía de su habitación, a través de la puerta entreabierta.
Agudizó su vista y pudo ver a su esposa tendida durmiendo y el contorno impreciso de alguien que dormía a su lado. Muy sorprendido y explotando de ira se dio cuenta de que era un Samurai!
Sacó su espada y sigilosamente se acercó a la puerta de la habitación. Levantó su espada preparándose para atacar a través de la puerta, cuando se acordó de las palabras del pescador: "Si tu mano se alza, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza restringe tu mano."
Volvió a la entrada y dijo en voz alta. "He vuelto". Su esposa se levantó, abriendo la puerta salió junto con la madre del Samurai para saludarlo. La madre vestida con ropas de él. Se había puesto ropas de Samurai para ahuyentar intrusos durante su ausencia.
El año pasó rápidamente y el día del cobro llegó. El Samurai hizo nuevamente el largo viaje. El pescador lo estaba esperando. Apenas vio al Samurai, este salió corriendo y le dijo: "He tenido un buen año. Aquí está lo que le debo y además los intereses. No sé cómo darle las gracias!"
El Samurai puso su mano sobre el hombro del pescador y dijo: "Quédate con tu dinero. No me debes nada. Soy yo el endeudado."